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lunes, 2 de agosto de 2010

La Feria.

Hace unas semanas leí La Feria de Juan José Arreola. Mi único contacto anterior con esta obra había sido con aquel pequeño fragmento que se encuentra o se encontraba en los libros de texto de la primaria, no sé de que grado. Y debo admitir que en aquel tiempo le tomé poca importancia, a pesar de que la maestra que tenía en ese entonces, nos platicaba que el autor era aquel zapotlense de sombrero y capa que viajaba en moto por la ciudad. La verdad es que yo nunca tuve la oportunidad de ver a aquel personaje, pero sí escuchar hablar mucho acerca de él, sobre todo después de su fallecimiento.

Y así pasaron varios años, hasta hace unos meses que comenzó mi interés por La Feria. Y agracias a un amigo el libro llegó a mis manos. No lo leí inmediatamente, tuvo que esperar su turno en mi lista de libros por leer. Y bueno, la verdad es que me llevé una gran sorpresa, la obra es un fiel retrato de Zapotlán el Grande, con personajes reales que gracias a Juan José Arreola se convierten en personajes clásicos del realismo mágico. Y a mí, como zapotlense, me fue inevitable tratar de ubicar algunos personajes, algunos sitos descritos ahí, algunas leyendas que son parte de la historia de esta ciudad. Leerlo fue escuchar a mis abuelos, a mis tíos platicar sus anécdotas de cuando fueron niños, jóvenes.
Pero dentro del libro hubo un fragmente en particular que me gustó mucho, y del cual no tengo la seguridad de si se trata de una verdadera leyenda de Zapotlán o de una creada por Juan José Arreola. Aquí abajo se las dejo.

Juan Tepano, primera Vara, anda contento y dice versos y dichos viejos. Pedazos de pastorela. Luego da unos pasos de danza de sonajero. Y viendo que Layo apunta a un cuervo con su escopeta, le llama la atención.

Juan Tepano, primera Vara, anda contento y dice versos y dichos viejos. Pedazos de pastorela. Luego da unos pasos de danza de sonajero. Y viendo que Layo apunta a un cuervo con su escopeta, le llama la atención.


Los cuervos van volando por los sembrados al ras de los surcos. Graznan. Se paran y picotean la tierra como buscando algo.


—A los cuervos no les tires, Layo. Nomás espántalos. Son cristianos como nosotros y no les hacen daño a las milpas. Nomás andan buscando y buscando entre los surcos. Buscan los granos de maíz. Como que se acuerdan de dónde los enterraron, pero luego se les olvida.


Es la hora de comer y la cuadrilla está alrededor de las brasas, calentando el almuerzo. Quién echa a la lumbre un tasajo de cecina y quién un pedazo de pepena, para alegrar las tortillas. Comen despacio a la sombra de un tacamo, mientras los bueyes van al aguaje y sestean.


—Nomás espántalos, pero no les tires. Los cuervos son como tú y como yo. Andan arrepentidos buscando y buscando lo que se comieron por el camino, cuando venían volando en la noche con su grano de maíz en el pico. Pobres, no tienen la culpa de haber caído en la tentación. Ustedes ya no se acuerdan, pero los cuervos trajeron otra vez el maíz a Zapotlán, cuando nos lo quitaron las gentes de Sayula, de Autlán, de Amula y de Tamazula. Todos vinieron y nos quitaron el maíz. De pura envidia cíe que aquí se daba mejor que allá. Aquí se da mejor que en todas partes y por eso nuestra tierra se llamaba Tlayolan, que quiere decir que el maíz nos da vida. Pero los vecinos nos hicieron guerra entre todos. Nos quitaron primero la sal y luego se llevaron las mazorcas, todas, sin dejarnos ya ni un grano para la siembra. Y nos cercaron el llano, guardando todos los puertos para que nadie pudiera pasar. Y entonces Tlayolan se llamó Tzapotlan, porque ya no comíamos maíz, sino zapotes y chirimoyas, calabazas y mezquites. Andábamos descriados, ya sin fuerzas para la guerra. Pero tuvimos un rey y su nahual era cuervo. Se hacía cuervo cuando quería, con los poderes antiguos de Topiltzin y Ometecutli. Se hacía cuervo nuestro rey, y se iba a volar sobre los sembrados ajenos, entre los cuervos de Sayula, de Autlán, de Amula y de Tamazula. Y veía que todos tenían el maíz que nos quitaron. Y como su nahual era cuervo, supo que los cuervos buscan y esconden las cosas. Y con los poderes antiguos de Topiltzin y Ometecutli, nos enseñó a todos para que nos volviéramos cuervos. Y un año limpiamos las tierras, que todas estaban llenas de chayotillo, de garañona y capitaneja. Limpiamos y labramos la tierra, como si tuviéramos maíz para sembrarla. Y cuando comenzaron las lluvias, ya para meterse el sol, nos hacíamos cuervos y nos íbamos volando para buscar el maíz que sembraban las gentes de Sayula, de Autlán, de Amula y de Tamazula. Volvíamos cada quien con su grano en el pico, a esconderlo en la tierra de Zapotlán. Pero como nos costaba mucho trabajo encontrar las semillas y todos teníamos ganas de comer maíz, nuestro Rey Cuervo dijo que los que se tragaran el grano por el camino, se quedarían ya de cuervos, volando y graznando entre los surcos, buscando para siempre el maíz enterrado. Y muchos de nosotros no se aguantaron las ganas y se tragaron el grano en vez de sembrarlo en nuestra tierra. Y ya no volvieron a ser hombres como nosotros...


—No les tires a los cuervos, Layo, con tu escopeta. Ellos trajeron otra vez el maíz a Zapotlán. Y los que cayeron en la tentación, no tienen la culpa. Querían comer otra cosa, y ya estaban hartos de zapotes, de chirimoyas, calabazas y mezquites. Por eso andan volando todavía por los campos.


—Cuando vieron que nosotros cosechamos maíz sin sembrarlo, porque no teníamos semilla, y ellos sembraban y no se les daba, las gentes de Sayula, de Autlan, de Amula y de Tamazula hicieron la paz con nosotros y nos dejaron ir por la sal a las lagunas de Zacoalco...


Este año, Juan Tepano, primera Vara, anda contento como si a él y a los suyos ya les hubieran devuelto la tierra. Canta pedazos del Alabado y dice versos y dichos viejos. Da unos pasos de danza. A la hora de comer cuenta un cuento. Y al ver que un cuervo pasa graznando por encima de la lumbre apagada, dice riéndose con el filo de la mano sobre los ojos:


—Mira Layo, allí va volando un cristiano...





martes, 5 de mayo de 2009

Hace Un Año Y Un Café Después.

Una tarde como ésta, en un parque que ha perdido toda su esencia, un saludo, una primera impresión, un frappuccino moka, una larga conversación, una cámara, fotografías, una pequeña caminata, una despedida, la promesa de repetir la tarde, y un olor a café que nunca he podido olvidar y actúa como detonador de recuerdos; una noche, el carro de mi hermano, unas pacífico, la música, Rocío Dúrcal, Susana Zabaleta, Mónica Naranjo, un ..., una memoria USB dañada, un mail en la madrugada, una caricia, muchas conversaciones en el messenger, el blog, las primeras letras, una habitación, un montón de películas, más fotografías, José José, Ely Guerra, Astrid Hadad, más chelas, más plática, un día de pinta, un libro, Guadalajara, un concierto, el teatro Diana, el antro, Lila Downs junto con todas y cada una de sus canciones, una caminata por el centro de Gdl, el regreso, la laguna después de una lluvia, las luciérnagas, las señoras vacas, Julieta Venegas y su Presente, mi cumpleaños, Wall-E, el periódico, el youtube, el Hi5, el Facebook, la funeraria, las tostadas, los tacos, el café malo del OXXO, más chelas, Atequizayan, el centro, el servicio social, el ceneval, En Jirones, la FIL, Anabel Ochoa, CNN, la Marina y el estéreo, una fotografía pequeña y otra grande de Vallarta, un frasquito de arena de Vallarta, la soriana fea, la joya carisima, el puente, un toro de once, el callejón, una lágrima... muchas, una sonrisa, una tontería, un beso, la diosa Zapotlatena, el PJ, la influenza y los disgustos por ella, Colombia, las asesinas, la Cata y sus tetas, Angels in America, muchos mensajes guardados, más cine, más chelas, más conversaciones... ¿Hasta donde continuará?

martes, 20 de enero de 2009

El Principito

Fue en un libro de texto de la primaria, no recuerdo de que año, pero ahí fue la primera vez que vi ese dibujo. Era un niño de cabellos amarillos, vestido como un príncipe. El dibujo era parte de una lectura que nunca hice por leer. La imagen de ese dibujo vivió en mi mente todo este tiempo, hasta que hace un par de semanas atrás, compré el libro que cuenta la historia de esa imagen, de ese niño, del Principito.

Al leerlo me sentí como un niño, me emocioné, me divertí, me removió muchos sentimientos. Por un momento yo estuve con ese niño en ese asteroide donde vive, lo acompañé a disfrutar de esas puestas de sol, viaje junto a él hasta los planetas que él visito, y al final regrese a la realidad, pero con una satisfacción de haber conocido a ese Principito.